Lipstick lesbian o de cómo a los 16 lo tenía más claro que ahora.
Recuerdo que a los 16 años tenía muchísimo más clara mi orientación sexual.
Claro, era una alegre e inocente mocetona que no imaginaba ni de lejos los ultrajes y desdenes del mundo, que suponía que las cosas eran mucho más fáciles, sobre todo en ese tema de "amar y ser correspondido" pero qué va...
Con los años me iba dando cuenta de cómo funcionaban las cosas en realidad, que había que amoldarse, callarse y hacerse la despistada precisamente para despistar. Luego entendí que se pasa mucho frío, muchas tristezas y mucha soledad a cambio de nada o de casi nada. Que es uno solo nadando contra la corriente y que, simplemente, no vale la pena.
He querido a pocos hombres (que se cuentan con una mano y sobran más de la mitad de los dedos) pero no he amado a ninguno con ese amor que Ana me arrancó del pecho y se llevó el día que se fue. Ninguno de ellos ha representado un pedazo que me falta, más bien una tercera pierna que me dificulta el andar; pero los entendí y los acepté como lo que eran: unos seres de otro planeta (o la extraterrestre soy yo), peludos, básicos y de naturaleza sexual, que primero follan y luego aman y no al contrario.
Me volví bisexual por aburrimiento. No me gustaban los hombres, pero me entretenían... Y eso, para un adolescente, es lo más barato que se pueda parecer a la felicidad.
Será porque ya dejé atrás la adolescencia y busco más que satisfacer los placeres carnales, o porque me aburrí de estar aburrida, o porque quiero una historia de amor y unicornios que sé que ningún varón puede compartir conmigo porque los varones no creen en los unicornios... Cualquiera que sea la razón, ha sucedido una cosa que no puedo pasar por alto:
La semana pasada estaba follando con uno y me lo he quitado de encima de mala manera. Me causó tanto asco que no lo pude haber tratado peor... Lo odiaba, sentía que debía tomar cualquier objeto contundente y partírselo en la cabeza. Quería verlo sangrar, quería verlo muerto. Él no merecía mi cuerpo vestido ni desnudo, no merecía conocer el olor de mi sexo, no merecía profanarme con sus manos, ni siquiera con su mirada. Él no debía estar en la misma habitación que yo.
...Y no lo entiendo. Las cosas para mí nunca habían sido así.
Juro que me sentí con ganas de meterme a la ducha con la ropa puesta, con ganas de beber lejía. ¡Qué mal cuerpo se me ha quedado!
Ahora ¿cómo le explico yo a la manada de bestias que me pretenden, que les falta estrógeno y les sobran otras cosas para poder ponerse siquiera en lista de espera?
Hola, soy Sirena y soy una lesbiana de esas que usan tacones, faldas y maquillaje.
De esas que la gente cree que no existen... Sobre todo mi madre.


Auto hoteles dijo
Lo principal es encontrar quien eres y aceptarte y ser feliz con tu sexualidad y vivir una vida feliz disfrutando de los maravillosos momentos, saludos muy buena tu historia
13 Octubre 2011 | 06:48 PM