Una vez alguien me dijo: <<si quieres hacerlo, no esperes. Hazlo>> No recuerdo quién fue. Ni siquiera estoy segura de si fue real o un sueño. Tal vez se trate de una alucinación. Cuánta razón tuvo aquel (o aquella, para ser politicamente correctos) que pronunció estas palabras en mi presencia -si es que alguna vez alguien lo hizo.
El ser humano es tímido por naturaleza. El hecho de convivir en sociedad hace que siempre estemos pendientes de qué opinan los demás sobre nuestros actos. El miedo a quedarnos solos nos invita a seguir unas pautas de comportamiento que ningún otro animal respeta. El elefante tiene ganas de rebozarse en el barro y se reboza, los chimpancés disfrutan metiéndose palos por la nariz y no ponen reparos a la hora de hacerlo, el hobbie más destacado del escarabajo pelotero es hacer enormes bolas con excrementos de diversos animales. ¿Qué pensarías tú si te encontraras a tu vecino rebozándose en un barrizal, metiéndose un palo por la nariz o haciendo una enorme esfera de mierda? Si a un humano le apetece hacer algo se reprime, piensa en lo que quiere hacer, valora las consecuencias y, cuando está seguro de que todo el mundo está de acuerdo lo hace.
Tan sólo los más atrevidos logran (o logramos) superar nuestra timidez natural de vez en cuando. Queremos saltar y saltamos, gritamos cuando nuestras cuerdas vocales nos lo piden y decimos aquello que pensamos tan impulsivamente que las palabras parecen querer escapar de nuestro pecho. Y luego llegan los remordimientos. Si la respuesta que recibimos no es la deseada nuestra mente nos juega una mala pasada. Inevitablemente, comenzamos a imaginar cómo hubieran sido las cosas si no lo hubiésemos dicho o hecho.
Lo más triste es que los actos impulsivos suelen contestarse con actos demasiado razonables. La respuesta en raras ocasiones es la deseada. La gente escapa de aquellos que se atreven, puede ser por envidia o por miedo al contagio. En el mundo animal el escarabajo que logra hacer la pelota más grande se lleva a la chica. En el mundo humano no hay premio para los valientes.

Escribe un comentario